25-3-2012
«Primavera árabe». Expertos sostienen que Asad podría gobernar durante años, pese a la rebelión | Oposición reclama intervención extranjera y, aunque en desventaja, asegura que no se rendirá
BEIRUT | THE NEW YORK TIMES
Con un abrumador poderío, Bashar Asad podría aferrarse al poder durante años, negándole espacio para el desarrollo de una dirigencia coherente y efectiva, con base en información de analistas, diplomáticos y sirios involucrados en la insurrección.
Sirios y analistas regionales dicen que la sola fuerza tiene pocas probabilidades de erradicar lo que se ha convertido en una insurgencia difusa e impredecible. Amplias áreas del país son territorio hostil para tropas del gobierno, al tiempo que atacantes han logrado impactar centros de poder, incluso en la capital, Damasco.
Pero con tanta sangre derramada, la diplomacia estancada y ambas partes negándose a negociar, no existe una clara salida. Eso ha hecho que Siria sobresalga entre los países absorbidos por las revueltas regionales de árabes, inmune a una insurrección popular sostenida y, hasta ahora, fuera del alcance de la intervención exterior.
Muchos sirios dicen que Asad no puede darse el lujo de dejar de disparar y nunca podrá regresar a gobernar como solía hacerlo, cuando su autoridad emanaba de los vínculos de secta, intereses comerciales y el temor. Si afloja su represión, dicen con certeza sirios de muchas filiaciones, los ciudadanos exigirán su expulsión.
«Veríamos a millones de manifestantes en las calles, no cientos», dijo un ingeniero cristiano en la antigua ciudad de Damasco.
Las reverberaciones de un prolongado conflicto sectario en Siria ya empezaron a extenderse a lo largo de una región en la cual el cálculo geopolítico ya está siendo alterado. Las tensiones se han derramado a través de fronteras a Líbano, Irak, Turquía y Jordania y han hecho que surjan temores de que militantes islámicos de tendencia radical encuentren una nueva causa para el reclutamiento.
Las formas de salir con mayor rapidez -si Asad fuera a marcharse, o si gente del interior llegara a lanzar un golpe de Estado- al parecer también son muy improbables, destacaron analistas. Aislado de todos menos de su círculo interno, todo parece indicar que Asad cree que su estrategia está teniendo éxito.
El pueblo ha sufrido demasiado para quedar satisfecho con un mero golpe de Estado; buscaría la caída de todo el sistema de seguridad y, posiblemente, venganza.
«Veremos a esta sociedad, que ha sido intimidada hasta la desesperación, recurriendo a medios desesperados», dijo Peter Harling, del Grupo Crisis Internacional.
Algunos integrantes de las bases de apoyo con las que cuenta Asad -élites empresariales de musulmanes sunitas, la minoría cristiana, empleados del Estado y ambiciosos urbanitas jóvenes- dijeron la semana pasada en Siria que habían perdido la fe en el gobierno y ya no creían sus alegatos de victoria.
ECONOMÍA. Todo parece indicar que también se están viniendo abajo algunos de los cuestionables nexos comerciales del gobierno.
Hace poco, en una oficina de cambio de divisas en el centro de Damasco, los clientes negociaban impacientemente buscando comprar dólares. El propietario, Anas, de 25 años, dijo que a comienzos de marzo, corredores de divisas del mercado negro enfurecidos por los arrestos de algunos de sus colegas rompieron el «acuerdo de caballeros» con el Estado para mantener las tasas informales del dólar relativamente cerca de las oficiales. Eso ha contribuido a un aumento de precios del azúcar y bienes básicos, los cuales subieron más en semanas recientes que a lo largo de 2011.
Cortes del suministro de electricidad enfrían y ensombrecen hogares y crean escasez de pan, incluso en la capital. Sesenta automóviles se formaron para abastecerse de gasolina hace poco cerca de la histórica estación del tren de Hijaz del centro de Damasco.
RESQUEMOR. La mayoría de los empresarios sunitas ya ha cambiado de bando, al tiempo que muchos dan dinero a familias de personas asesinadas en la insurrección, destacó Harling. Sin embargo, carecen del poder para derrocar a Asad. La única fuerza que puede hacer eso, aparte de reacias élites de seguridad, es el ejército.
No es claro el nivel de confianza de Asad en el Ejército de conscriptos; por elección o por necesidad, sus fuerzas han pasado de poblado en poblado en vez de probar ataques simultáneos.
Las tropas que regresan de intensas batallas dan la impresión de estar bien descansadas y bien entrenadas, con armas nuevas y bien mantenidas y vehículos cubiertos de banderas, como si volvieran frescos de derrotar a un enemigo extranjero, dijo Harling, quien vive parcialmente en Siria.
Al parecer Asad no muestra preocupación por restablecer vínculos con la religiosa clase de trabajadores de musulmanes sunitas en ciudades provinciales devastadas por el combate, dijo Harling. Más bien, Asad ha consolidado su base entre la minoría alauita, la secta heterodoxa de musulmanes a la que él pertenece, y entre cristianos, quienes representan aproximadamente una quinta parte del país. Sin embargo, incluso las tenues reformas que Asad promete llegarían a expensas de esos aliados.
De hecho, cristianos prominentes han expresado su indignación ante la nueva Constitución, aprobada en un referendo efectuado el mes pasado en medio de los combates generalizados.
A medida que una insurgencia echa raíces, algunos activistas de la oposición están incómodos con las tácticas más sangrientas de grupos armados que pelean de su lado pero no bajo su control.
Lo que les falta en armas y unidad, los activistas compensan con determinación: no se rendirán hasta que caiga Asad.
Siria atascada entre gobierno y rebeldes
26/Mar/2012
El País, Uruguay